NOSOTROS CREIMOS

NOSOTROS CREIMOS

William Branham capturó nuestros corazones con sus tiernas historias y difícil niñez. Se ganó nuestra admiración con sus cuentos del gran sacrificio que sufrió por cuenta del evangelio. Nosotros fuimos inundados de simpatía por este pequeño predicador, quien era rechazado por los principales ministerios y denominaciones.

NOSOTROS FUIMOS FIELES

El nos sorprendió con descripciones de encuentros espirituales y sobrenaturales. Nos asombro con “prodigios y señales.” Nos sentíamos honrosos del privilegio de tener su “revelación” personal. Fuimos captivados por el “hombre escogido” por Dios. Nos sentíamos especiales de saber que éramos los escogidos por Dios, y de ser superiores a las otras religiones. Fielmente escuchábamos sus grabaciones, creyendo que esa fe de rapto se encontraba en sus sermones. Nosotros hacíamos caso de sus reglas las cuales nos forzaban a la perfección. Nos esforzábamos día a día para obtenerla; con el temor de caer y perdernos del rapto.

NOSOTROS ESTABAMOS ADMIRADOS

Mirábamos en asombro a la “nube de ángeles” la cual le había dado órdenes especiales. Estábamos fascinados con la “gran voz” en el rio, dándole su gran comisión. Hablábamos de su “profecía del puente” y como perfectamente paso a ser. Estábamos asombrados por su “pilar de fuego”. Estábamos convencidos por sus “vindicaciones”. Temblábamos a sus historias de juicio para aquellos que se atrevían a retarlo. Estábamos alarmados a sus profecías del final, y anticipaba de eventos que tenían que pasar.

TENIAMOS CONFIANZA

Sabíamos que éramos aceptado ente los ojos de Dios porque habíamos acogido al “profeta”. Teníamos confianza de íbamos al cielo, porque habíamos escuchado la “palabra de nuestro día”. Confiamos en el sin duda. Todo lo que no comprendíamos fue “puesto en la repisa”. Nosotros creímos que el cumplía las Escrituras las cuales decían de su venida. Si es que no podíamos ver algo en las Escrituras, fuimos instruidos en “solo creed”. Con buena voluntad aceptamos sus interpretaciones de la Palabra, para no arriesgarnos en blasfemia.

ERAMOS CELOSOS

Nosotros adorábamos a nuestro “profeta”. Compartíamos nuestras historias con nuestros hijos. Escribimos libros sobre ellas. Las ensenábamos en nuestras escuelas dominicales. Predicábamos sus doctrinas desde nuestros pulpitos. Testificábamos a otras personas sobre él, seduciéndolas con nuestro “conocimiento superior” de la Palabra. Con cariño dábamos nuestra energía distribuyendo sus materiales de lectura. Viajamos a otros países para compartir su evangelio. Nos entristecimos de aquellos que no tenían la “revelación” de quien el era.

ERAMOS DEDICADOS

Memorizamos sus palabras y nos aferramos a sus enseñanzas. Debatimos Escrituras con citas. Ofrecíamos aliento con sus dichos y corregíamos con sus advertencias. Colgamos su retrato en nuestras paredes. Nos referíamos a sus libros como la “Palabra Hablada”. Y nuestras repisas tenían varios volúmenes de ellos. Llenábamos nuestras casas del eco de sus sermones. Su voz, la cual la designamos como “La Voz de Dios”, era parte de nuestras vidas diarias. A menudo pensábamos en él. A menudo hablábamos de él. Y así fue, sutilmente paso a tomar el trono de nuestras vidas.

PORQUE NOS FUIMOS

Encontramos que las historias que capturaron nuestros corazones, y nos trajeron lágrimas, nunca sucedieron. Nos dimos cuenta que su “vindicaciones” que nos sorprendieron e inspiraron, fueron fabricadas. Nos dimos cuenta de que sus “revelaciones” (las cuales pensábamos que fueron traídas por un ángel) vinieron de varios que precedieron a su nacimiento. Nos dimos cuenta de que la Escrituras las cuales hablaban de su venida, hablaban de Juan el Bautista, Jesús, y un Angel. Vimos que sus profecías fallaron, y sus enseñanzas no eran Bíblicas.

COMO NOS SENTIMOS?

Estábamos devastados. Todo aquello en lo cual creímos y pusimos nuestra confianza, no era verdad.

QUE HICIMOS?

Fuimos a Dios con corazones hambrientos y pusimos toda nuestra confianza en Su Palabra. Acogimos Su Evangelio de amor y gracia. Aceptamos Su regalo gratis de Salvación a través del Sacrificio del Cordero Perfecto de Dios. Nosotros confiamos en Su promesa de que nos liderara hacia toda Verdad, y nos guiara con Su Espiritu. Y nosotros hemos dejado que Jesucristo reclame el trono de nuestros corazones.

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